Alicia de la Campa
Las realidades divinas del cuerpo, donde habita un misterio insondable
Texto por: Rafael Acosta de Arriba
“Busco la imagen contundente sin dejar de lado la belleza,
que trasmita esencias y toque los más oscuros
y luminosos recintos del ser”
Alicia de la Campa Pak
La obra de Alicia de la Campa Pak no ha dejado de crecer desde que entré en contacto con ella, allá por 1998, cuando sus elegantes dibujos ilustraron un texto de mi autoría, en una revista cultural, sobre el temor que ha existido y existe en la cultura occidental por el cuerpo desnudo de hombres y mujeres. Con el paso de los años y al seguir de cerca su trayectoria, comprendí que nadie estaba más capacitado que Alicia para graficar un texto de esa naturaleza, porque la temática corporal en su obra es esencial y porque para Alicia el cuerpo es la metáfora del mundo, así sin más.
De manera que por más de un cuarto de siglo he apreciado una obra artística creciente sobre la que deseo hacer algunas acotaciones.
En primer lugar Alicia es una creadora de imágenes que para algunos suelen ser muy diáfanas mientras que para otros observadores están llenas de misterio, son enigmáticas, y he ahí un valor que no puedo dejar de resaltar. Cuando eso sucede es que estamos ante una obra cuya sustancia existe dentro de las imágenes, no en su superficie. Tal rasgo le permite trabajar sus figuras con la tentativa de fascinar al espectador. En esos cuadros bizarros, llenos de rostros y arabescos como relleno, en que casi no quedan espacios en blanco, el poder narrativo logrado es impresionante. Son como historias que están en el lienzo o en la cartulina para que sean descifradas.

A su vez, en los cuadros en que hay bastante espacio en blanco rodeando a la imagen, la intencionalidad de la artista es también diáfana, se trata de centrar el dibujo, que nada obstaculice la atención del degustador. Son entrenamientos que el artista con un adecuado criterio de diseño sabe plasmar en sus piezas y Alicia le debe mucho a su trabajo como ilustradora, oficio donde la idea de diseño es fundamental.
La belleza de sus rostros femeninos es algo digno de mención. Alicia los ha perfeccionado al máximo, es una dibujante de primer nivel, probablemente en la escuela de Roberto Fabelo y José Luis Posada, dos maestros del trazo fino y preciso en las figuras humanas. Solo que Alicia de la Campa posee su propio estilo, inconfundible, maduro y expresivo hasta donde es posible serlo. Para algún crítico esto que explico es llamado ¨sentido de teatralidad¨ en sus figuras humanas, puede ser que así deba llamarse a ese dramatismo inmanente.
Es importante decir ahora que la obra de nuestra artista ha gozado de una gran y sostenida fortuna crítica. Autores tan reconocidos como críticos especializados como Carina Pino Santos, Caridad Blanco, Silvia Llanes, María Grant, Píter Ortega, Abelardo Mena, Toni Piñera y Jorge Rivas, entre otros, han profundizado en su trabajo artístico y sus cualidades como creadora de un cuerpo de imágenes de alto valor antropológico y estético. Esta aproximación sistemática de nuestros pensadores sobre arte enaltece la obra de Alicia y la sitúa en el sitial que le corresponde en el arte cubano contemporáneo.

Desde luego que la veta erótica vibrante en su obra no ha pasado desapercibida para los críticos, de ahí que las series “La Tiranía del cuerpo”, con su carga de transgresiones y “Exvotos”, ambas de 1998, justo cuando entré en contacto con las figuraciones de Alicia, como expliqué, ya eran atendidas por su alta intensidad y soluciones formales y sensuales muy logradas. Ella ha expresado diversas ideas sobre el tópico del erotismo y me permito citar solo una:
“El discurso erótico es para mí un acto de libertad, un exorcismo a la represión a nivel personal y social. Busco la imagen fuerte, sin dejar de ser bella, que transmita esencias, que toque los más oscuros y los más luminosos recintos del ser, lo que escandaliza sobre un lienzo o un papel, pero no en la vida; por ello, trato de sublimar, al limite, la realidad terrible o divina del cuerpo” .
Es un criterio muy en la cuerda del erotólogo Octavio Paz, quizá y sin quizá, uno de los pensadores sobre el tema más profundo que conozco. Pero su legado no es exclusivo a esa temática, lo cual sería reductor. Prefiero registrar mi opinión sobre una sustancia nuclearmente humana en su obra, visceral, gestada desde la comprensión culta de lo que somos en este universo y en las formas sutiles, a veces directas, pero firmes y delicadas a un tiempo, con que Alicia sostiene su iconografía.
La obra de esta creadora, vista ya en plan de una síntesis necesaria para un espacio tan reducido como el que establece la publicación, es un puñado de preguntas, una interrogación plural desde los símbolos a la existencia humana. Es una obra de una gran densidad conceptual a pesar de que pocos la han visto desde esa perspectiva. Detrás de sus imágenes vibra un discurso humanístico de alto vuelo.
Estamos pues ante un imaginario personal recreado con ideas y propósitos que buscan la esencia del ser, que tratan de localizar el lugar de la imagen del hombre y la mujer dentro del maremagnum de imágenes que nos rodean hoy, en plena Era de las imágenes o Era Digital, como se prefiera llamarle. Alicia de la Campa Pak ha construido durante décadas una arquitectura de signos sobre el ser humano y es hora de que se le reconozca, aún más de lo que se le ha reconocido, pues ella ocupa una posición muy visible y prominente dentro del rico arte contemporáneo cubano.



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