Miguel Reyes

El espectáculo de la realidad

Texto por: Ana Beatriz Almeida Sánchez

A lo largo del siglo XX y hasta la actualidad, numerosos creadores han encontrado en el circo y sus referentes un mundo fascinante que representar. Entre ellos se destacan Pablo Picasso, Marc Chagall y Bernard Buffet en el ámbito artístico internacional, mientras que en tierras cubanas se puede mencionar a Elvis Céllez, Wilfredo Prieto y Miguel Machado. Al abordar este tema, cada autor recurre a una tradición de imágenes que narran historias, evocando la magia de su arte y expresando una libertad subyacente: lo que se observa no siempre es lo que parece.

Si de artificios y falsas verdades se trata, Miguel Reyes (Manzanillo, 1993) maneja estas herramientas de manera meritoria. «La décima parte del iceberg»1, título de la serie que agrupa una significativa parte de su producción artística, se utiliza como metáfora para ilustrar la idea de que solo una pequeña parte de la realidad es visible, mientras que el resto permanece oculto o ignorado. Reyes invita a reflexionar sobre las estructuras de poder y cómo, en sociedades totalitarias o contextos de opresión, las acciones de aquellos que parecen carecer de poder pueden ser fundamentales para el cambio social y la transformación. Para transmitir este mensaje de manera contundente, el artista suele emplear lienzos de mediano y gran formato que puedan generar en el espectador una conexión emocional más penetrante. Además, trabajar en un formato grande permite al pintor experimentar con nuevas técnicas y enfoques.

El circo, tradicionalmente visto como un espacio de diversión y entretenimiento, también refleja la vida misma, repleta de desilusiones y desigualdades. Miguel, utilizando la tradición pictórica figurativa, crea payasos que trascienden su papel de meros bufones para aludir a la lucha cotidiana de las personas. Estas figuras nos recuerdan que detrás de cada risa puede existir una historia no contada. Con rostros pintados de tristeza y sonrisas forzadas, el uso de colores generalmente vivos simboliza la dicotomía de la vida moderna: la presión por aparentar felicidad mientras se enfrentan problemas profundos como la pobreza, la violencia y la alienación. Inmediatamente que observé este fragmento de su obra, incluido en el denominado “Primer acto” de la serie, me remitió a la película de suspense psicológico estadounidense «Joker» (2019), dirigida por Todd Phillips. Tanto el medio pictórico de Reyes como el cinematográfico de Phillips evidencian la paradoja del payaso triste.2 

En su más reciente cuadro, Catarsis, el autor transita de pintar payasos individuales, cada uno con su propia personalidad y matices, a crear un conjunto más complejo en el que todos los personajes coexisten en un mismo espacio caótico. Sus expresiones desbordadas y gestos exagerados, junto con el hecho de estar atrapados en camisas de fuerza, sugieren una disputa interna y una locura colectiva en un mundo cada vez más confuso, donde la realidad tiende a distorsionarse.

Otras obras, compiladas en el “Segundo Acto”, se construyen a partir de figuras humanas que muestran una mayor soltura técnica en la pincelada. Esto resulta en la ausencia de rostros y en un elemento común: manos que cubren bocas con el fin de silenciar… de censurar. ¿Quiénes son estos individuos? En ocasiones, se trata de una representación autorreferencial, volviéndose el propio artista en eco de un grupo social al que busca otorgar visibilidad. En otros casos, son seres sin nombre que se transforman en símbolos de experiencias compartidas, lo que facilita que cualquier espectador pueda sentirse reflejado en ellos. Esta despersonalización simboliza la deshumanización de los individuos dentro de un sistema político opresivo, donde se pierde la identidad en el proceso.

Esta segunda sección también incluye piezas en las que las carpas de circo se convierten en protagonistas de entornos idílicos. Con la connotación que les otorga Miguel, la imagen de la carpa es una poderosa alegoría de la descomposición del orden sociopolítico. Las estructuras colosales de la misma se fusionan con un fondo derruido –Espectáculo #65– o en llamas –El becerro de oro–, que reflejan perturbación y desaliento. Es importante señalar que, especialmente en estas pinturas, los títulos son ejes fundamentales para su interpretación. Es recurrente en su trabajo el uso de complementos lingüísticos, que a veces están integrados en los propios lienzos. 

En estas piezas paisajísticas, destacan las áreas trabajadas con una ejecución suelta y libre que aportan movimiento y dinamismo a la composición, y que, además, genera texturas y volúmenes que invitan a explorar cada detalle. En contraste, en otros momentos el artista opta por un trazo más controlado, donde se respeta la línea con precisión. Esta dualidad refleja un dominio equilibrado entre la libertad creativa y la rigurosidad técnica.

Václav Havel afirmaba: « (…) una palabra verdadera, incluso pronunciada por un solo hombre, es más poderosa, en ciertas circunstancias, que todo un ejército. La palabra ilumina, despierta, libera. Tiene también un poder. Es ese el poder de los intelectuales»3. 

En un mundo donde las voces a menudo se ahogan en el ruido del entretenimiento superficial, Miguel Reyes emplea el pincel como la poderosa herramienta que, para Havel, significa la palabra. La crítica social  que realiza a través de elementos circenses nos recuerda que el arte tiene la capacidad de iluminar las sombras y dar voz a quienes más lo necesitan.


 

  1. Frase proveniente del ensayo “El poder de los sin poder”, del escritor y político checo Václav Havel.
  2. Síndrome asociado a la representación contradictoria escénica entre la comedia y los trastornos depresivos o de ansiedad.​​
  3. Havel, Václav. El poder de los sin poder. Madrid: Encuentro Ediciones, S.A., 1990.

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