Alexis Martínez

Melodía del fuego, rebelión de los objetos

Texto por: Ricardo Alberto Pérez

Uno de los elementos esenciales que ha acompañado a la filosofía prácticamente desde sus orígenes es precisamente el fuego, la belleza que derrocha en su plenitud siempre ha sido tan atrayente como perturbadora; las huellas dejadas en el destino y la memoria colectiva forman parte de manera protagónica de nuestra evolución.

Traspasando el límite de lo crudo y lo cocido existe una certeza, pocos eventos como el fuego poseen la capacidad de desatar metáforas e imágenes tan contundentes dentro del pensamiento, hasta llegar a provocar sistemas de metáforas que se atreven a desentrañar la complejidad de la realidad que vivimos, tanto su hemisferio consciente como el inconsciente. Cuando el arte decide tomar su figura enaltecedora (de tamaño y forma variable) para desentrañar enigmas a partir de la radicalidad de su naturaleza, sin dudas se asiste a un proceso emotivo y transgresor; por ese camino transita la poética de Alexis Martínez Benavides (Villa Clara, 1974).

Al adentrarnos en su trabajo estamos desentrañando una sensibilidad que se interesa por la condición de inestabilidad que habita en casi todo lo que nos rodea; de esas situaciones más o menos precarias en que se desenvuelve lo cotidiano sustrae el combustible y la intensidad que habitan en sus piezas, ya sean estas, intervenciones públicas, lienzos, fotografías, u objetos-arte. Lo más sobresaliente de su desempeño se relaciona con la libertad expresiva que pone de manifiesto en cada  uno de los proyectos; una y otra vez derroca los límites de los lenguajes para imponer una creación de polémica subjetividad donde tienen cabida gran cantidad de interpretaciones.

Las intervenciones públicas representan momentos trascendentes dentro del devenir de su poética, estas no se limitan al periodo efímero y local en que transcurren, se expanden y perduran a partir del auxilio de la fotografía que ofrece un testimonio tangible de estos procesos donde ocurre una amplia producción de significados, respaldados por eficientes atmósferas penetradas hasta el tuétano por el empuje de lo simbólico, así se muestra en obras como: Opinión (2003), La espera (2004) o Energía de apoyo (2004). El enlace común entre ellas es la jerarquía del fuego, la eclosión de lo relativo como fenómeno que tiende a la expansión.

El humo reina con más fuerza a partir de la muerte de la llama, va del gris al negro, drásticamente clausura la vocación del rubro y el naranja, pero justo en esta metamorfosis crece la densidad y las formas más radicales de representar. Tras la decadencia del incendio todo es bien a ras de suelo, hay un hundimiento de los contenidos, inquietantes agujeros para arribar a eventos que modifican nuestras vidas.

A partir de ese momento, el humo se convierte en un personaje independiente, una ficción con fuerza conceptual y vocación lírica, aunque esta última se halle atravesada por la gravedad. Alexis Martínez lo hace perdurar como forma de memoria activa, interpretando que el humo posee una capacidad de generar imágenes tan eficaces como el óleo o el acrílico. Así, en obras como Habito (2021) y Equal Intentions (2023), su presencia no solo se mantiene en la superficie del lienzo, sino que transita hacia una entidad visual autónoma, capaz de sostener una poética propia.

Uno de los aspectos más notables en la obra de Alexis Martínez es su capacidad para investir objetos cotidianos de una carga simbólica que los proyecta más allá de su función inmediata, integrándolos con naturalidad en una tradición conceptual clave del arte contemporáneo. Estas piezas, precedidas por un agudo refuerzo de su potencial representacional, se convierten en poemas visuales de notable densidad lírica y precisión metafórica. Obras como Me va a doler más a mí que a ti (2023), Volátil (2023) y Marcador (2023) evidencian esa autonomía poética: objetos resignificados que operan con libertad expresiva, ajenos al cliché y cargados de sentido.

La propuesta de Alexis Martínez se despliega como una travesía visual en la que lo biológico y lo inerte se entrelazan mediante metáforas precisas, revelando cómo lo aparentemente inanimado adquiere vitalidad al ser activado por la experiencia humana. Más allá del objeto, lo que interesa es su capacidad de resonancia simbólica, su inscripción en una red de sentidos que cuestiona los valores contemporáneos y sus tensiones internas. En piezas como Transfer (2024), se hace evidente una reflexión sobre la movilidad de los significados, sobre los desplazamientos –físicos, culturales, emocionales- que configuran nuestra época. Martínez logra una convivencia singular entre lirismo y rigor conceptual, donde el pensamiento no sofoca la emoción, sino que la amplifica. Así ocurre en Do Re Do (2023), donde la música y la llama se tocan en un mismo espacio sensible. Su obra propone una lectura del mundo como archivo poético, donde cada elemento es al mismo tiempo signo y presencia, crítica y evocación. Desde ahí, los objetos emergen no como residuos del cotidiano, sino como detonantes de nuevos imaginarios posibles. En este cruce entre lo real y lo simbólico, su práctica abre espacios de contemplación crítica y activa.

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